La aventura

Cuando uno piensa en emprender una aventura, piensa en algo divertido, peligroso e interesante. Generalmente no contemplamos dicha aventura como algo que podamos medir en el tiempo, puesto que una aventura suele ser atemporal, de una duración que sólo el tiempo decide, y sin un final definido.

Hace ya trece años, viajé con mis padres a las antípodas. Fue un viaje que emprendí desde la ignorancia adolescente, un viaje que se grabó a fuego en mi mente, que me cambió por dentro. Aterricé en Nueva Zelanda un 5 de Diciembre del 2006, no tenía idea de dónde estaba, pero el país se encargaría en los siguientes 20 días de demostrármelo: Me encontraba en el mismísimo paraíso. Desde mis recuerdos, Nueva Zelanda es vasta, hermosa, amable y salvaje. Nueva Zelanda está colmada de rincones donde perderse y otros muchos sitios que descubrir, de gente amable, relajada y pies descalzos que viven a otro ritmo. Tengo recuerdos muy concretos de momentos muy específicos, como aquella vez que fuimos al Mildford Sound en barco y vimos focas en las rocas, o cuando fuimos al Cape Reinga y bajamos a la playa por la ladera de una montaña. Recuerdo ver esa playa que se perdía en el mar, el viento salado y el agua brillando plateada. Recuerdo caminar por un acantilado con el césped moviéndose al son de la brisa marina y ver la puesta de sol más hermosa que he visto en mi vida. Recuerdo llegar a Queenstown y buscar el pub donde los actores del Señor de los Anillos solían ir a beber cuando tenían días libres de rodaje, caminar por esas calles tan limpias y vacías, el olor a azufre de las aguas termales. Podría perderme en esos recuerdos, pero sobre todo lo que recuerdo es que viví toda esta experiencia con mis seres queridos, quienes, de no haberme llevado hasta el otro lado del mundo, nunca habría podido vivir todo aquello. Más importante, ahora mismo no estaría viviendo todo esto.

Incluso las aventuras se terminan, y en aquel entonces, justo al volver, comprendí que esa experiencia nunca más se repetiría a menos que yo lo quisiera, y como cualquier adolescente, procedí a vivir los siguientes años sintiéndome fuera de lugar allí donde iba. A raíz de ése estado de ánimo y de que yo ya era mayor, mis padres dejaron de llevarme de vacaciones con ellos, ya que ellos empezaron a ir a destinos más exóticos y concretos para sus gustos de trotamundos. Y yo me quedaba en casa, pensando en otras cosas, cuidando de mis perros. La vida siguió, y con ella todos los problemas y algunos más propios de la adolescencia.

No hubo más viajes como ése para mí: Hubo escapadas a algunos rincones del mundo, pero nunca una aventura como esa… Hasta que conocí a la persona que se convirtió en mi compañero hace tres años. En ése momento, hasta yo sabía que las aventuras sólo se emprenden si uno lo quiere, y yo hacía mucho que les tenía un cierto miedo, pero me lancé a por todas y viajé a conocerle. Tres años más tarde aquí estamos, viviendo uno de los mejores momentos de nuestra vida compartida. Juntos, conocimos a un par de personas a través de Youtube, nuestras inspiraciones para lo que vendría después. El primero de todos es Alan, del canal Alanxelmundo, un increíble comunicador y viajero, el hombre que es capaz de recorrer un país y de hacerte amarlo sin siquiera haberlo pisado. Y el segundo, y el que hizo que ambos deseáramos emprender una aventura juntos, fue EnriqueAlex. Él, junto a su novio, han dado la vuelta al mundo en 906 días, documentándolo todo en unos magníficos vídeos que te hacen perderte en esos parajes. 906 días en los que hemos sentido una conexión increíble con el deseo de viajar y de descubrir mundo, de retratar todo lo que ocurra y dejar una huella en el imaginario de quienes nos lean o vean.

Así que hace un año decididimos intentar conseguir la Working Holiday Visa para Nueva Zelanda. No conseguimos ninguna, y yo me sentía derrotado, pero lo que no sabía era que que se venía uno de los mejores años de mi vida a nivel profesional y mental. Pudimos prepararnos mucho mejor para obtener el visado, pudimos ahorrar e informarnos mucho mejor, hasta quedamos con Claudia, quien había vivido la WHV hacía dos años, y nos contó cómo iba allí todo. Creo que ella fue la que nos terminó de convencer, y meses después, hace tres semanas escasas nos lanzamos a la aventura de irnos a vivir a Nueva Zelanda en serio… ¡Y tuvimos la tremenda fortuna de hacernos con la Working Holiday Visa los dos!

Las aventuras no sólo son viajes; son momentos, decisiones y proyectos que uno elige apostar por ellos. Si eres el tipo de persona que quiere vivir una aventura, no dejes de leernos, quien sabe si el año que viene serás tú el que estará buscando tu próxima aventura en las Antípodas.

En ésta web explicaremos el proceso de obtener la Working Holiday Visa para Nueva Zelanda, pero también contaremos las experiencias preparando el viaje, una vez llegados allí y, quien sabe, en un futuro, quizás contamos futuras experiencias en otros países con el mismo tipo de visado.

Ahora sí, ¡Kia Ora, Nueva Zelanda!

artista y viajero

Uriel

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