Una pandemia al otro lado del mundo

Hoy estamos a 27 de marzo, y hace 26 días que estamos en Nueva Zelanda. 26 días en los que la vida ha dado muchas, muchísimas vueltas, muchas de ellas en direcciones inesperadas.

Nueva Zelanda nos recibió con un amable abrazo y una tranquilidad aparente, muchas mascarillas en aviones, muchos geles desinfectantes, noticias medio opacadas por la belleza inigualable de éste increíble país, pero tras toda la aparente normalidad, en el país que nos vio crecer se abalanzaba una ola de enfermedad, histeria y cuarentena nunca antes vivido por nadie que esté vivo hoy.

Nosotros no quisimos entender el alcance del problema al principio: Estábamos en una nube, absolutamente encantados con lo que estábamos viviendo. Compramos una van, nuestro primer coche comprado con nuestros ahorros compartidos, visitamos muchos sitios e hicimos el primer mini road-trip de Auckland a Piha. No pudimos comprender el problema porque estábamos viviendo un sueño, pero los sueños, aparte de ser vividos, a veces uno tiene que despertar de ellos. Y mediante iban pasando los días, la cosa se iba complicando en España. Primero sucedían cosas anecdóticas, memes, videos graciosos.

Pero después la cosa fue cuesta abajo sin frenos: Los casos de covid-19 en Italia se redoblaron en muy poco tiempo, y llegaban videos de camiones militares cargando cadáveres de los muchos que había. La realidad iba cayendo para nosotros a un ritmo lento: A pesar de parecer ciencia-ficción, está pasando. Ahora mismo todo el mundo está detenido por ésta enfermedad, y estamos todo lo lejos que podemos estar de nuestro hogar.

En un momento dado tuvimos que dejar Auckland y nos fuimos al sur, con la ilusión de que podríamos elegir el trabajo que queríamos para poder empezar a ganar dinero y a seguir el road trip. Pero nada más lejos de la realidad, lo más lejos que llegamos fue a Napier, y dos días antes de que anunciaran la cuarentena encontramos una casa con una genial host, Donna, y un estupendo compañero de piso, Tomás.

Dos días después de pagar la primera semana nos enterábamos de que el país comenzaba a tener demasiados casos, y de que Nueva Zelanda se adentraba en un lockdown de cuatro semanas en las que no íbamos a poder salir del pueblo bajo ningún concepto, en la que no nos iban a contratar en ningún sitio por miedo a que lleváramos el virus con nosotros.

Somos muy afortunados porque tenemos un techo bajo el que dormir y una improvisada familia que nos acoge. Muchos otros no pueden decir lo mismo, y hoy, al segundo día de cuarentena, muchas personas siguen buscando alojamiento de forma desesperada en Nueva Zelanda, otros están varados en tierra de nadie, intentando llegar a un país como España donde las cifras que llegan son aterradoras.

No estoy muy seguro de qué va a pasar: Creo que todo lo que había antes de éste virus ha dejado de ser tan importante. Ni el viaje, ni mi carrera, ni mis planes de futuro son ahora importantes. El mundo ha dicho basta y ahora las prioridades se han sacudido y reordenado, estableciendo un nuevo orden: Sólo importa que los que quieres estén a salvo y que tu entorno sea seguro.

Preocuparse en exceso ha hecho que lleve una semana chequeando el móvil cada cinco minutos, que lea demasiadas noticias del virus, que esté constantemente queriendo saber de mis seres queridos.

Creo que el pánico es un estado que no beneficia a nadie, pero el miedo que tengo ahora en el cuerpo habla por sí solo. No me iría ni por todo el oro del mundo del sitio donde estoy, pero lo haría si así pudiera asegurar de que mi familia y amigos están a salvo.

Así que en esas estamos. Creo que el miedo tiene algo bueno, sin embargo: Saca lo mejor de nosotros, y dice mucho de cómo somos. La resiliencia es una de las cualidades humanas que más me fascinan: no importa la de hostias que te de la vida, siempre podemos levantarnos una y otra vez: Somos plásticos, somos elásticos y capaces de afrontar estas situaciones y muchas peores. La única diferencia es que esta situación no la esperábamos.

Así que desde esa resiliencia yo elijo sacar lo mejor de mí, y lo mejor de mí es el arte y el compromiso. No voy a perder el tiempo en lamentarme y en preocuparme en exceso, si no que voy a agarrar esta cuarentena por los cuernos y la voy a cumplir, aunque me cueste horrores, y seguiré apoyando a mis seres queridos, aunque sea desde el otro lado del mundo.  Y, además, haré que cada segundo de esta cuarentena merezca la pena creando y escribiendo blogs de nuestras experiencias.

La inactividad que hemos tenido se ha debido a que no hemos contado con demasiado tiempo libre y no hemos tenido acceso a electricidad hasta hace poco, para poder escribir desde el PC.

Pero ahora tendremos mucho más tiempo, así que esperad porque se viene mucho más contenido interesante.

Gracias por leernos, y nos vemos pronto.

Y sobre todo… Quedaos en casa. Cuidaos. ¡Hay muchos sueños que cumplir todavía!

 

artista y viajero

Uriel

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